Detras de cada nota hay mil historias.
Cien historias alegres.
Cien historiastristes.
Cien historias de superación.
Y otras cien de amor.
Cien historias de amistad.
Cien historias de cariño.
Cien historias tan simples como el respirar.
Cien historiaspacientes.
Cien historias de suspense.
Cien historias deamor por la musica,por el arte,por la vida...
Cada nota es como una explosión de millones de colores
Las cortinas fueron acariciadas con suavidad por el viento, que se desliza entre imposibles barrotes y ventanas con el simple proposito de demostrar su preciosa voz entre las paredes de tu cuarto casi claustrofóbico.
Cerrar los ojos, inspirar, expirar y sentir su cuerpo, escuchar su voz.
Ya me cansé de ver marrones y turbias persianas por mis ventanas, ahora quiero ver el cielo.
Quiero ver brillantes y pequeñitas luces en el cielo en lugar de ver grandes y luminosas luces atadas a insignificantes palitroques.
Quiero oír un fluir juguetón y saltarín, no ese goteo incesante y enervante.
Quiero sentir el calor de ese gran astro, iluminar mis pasos con sus rallos, no sentir el calor asfixiante de la lampara a la que soy atraída como una polilla más...
Va con sus tacones de charol rojo en los pies, su pamela blanca bien calada en la cabeza, sus labios bien maquillados y ,como no, una mirada siempre alfrente. Sin embargo, él con la primavera aun en su cuerpo, camina mirando al suelo y casi sin hacer ruido intentando pasar desapercivido, intentando cernir sobre él todas las nuves del cielo.
Un toc, toc y un sesear característico de su cuerpo de repente, se cruzaron. Las nubes se disiparon y, sus zapatitos de charol rojo brillaron.
Agarrarte a unos ojos que ya no observan, si quiera miran de refilón los tuyos pero no mas que intentando adotar una nauseabunda rutina sin sentido.
Agarrate a un cuerpo que ya no es cuerpo sólido sino la columna de humo que dejó levantada su presencia de hace años.
Insisitir en un recuerdo que ya no es recuerdo vivo, sino el vago recuerdo de lo que ya murió en el alma.
Apoyarte en un vaston de caduca madera que ya no es madera, ni arbol, ni vida, sino una asquerosa monotonía, un enervante toc, toc, toc, toc... como el traqueteo de un caballo ya viejo que parece tener la silla incrustada a su viejo lomo.
Reiterar en un perfume, que ya no perfuma sino apesta por tu afan de no abrir la ventana y renovar el aire, aire ya caduco que te mantiene en tu sueño.
Aislarte en recuerdos, miradas, apoyos que no eran mas que un espejismo de tus deseos.
Va creciendo poco a poco entre un secarral inhóspito esa fina y delicada amapola
Se va abriendo poco a poco, con fuerza y una sonrisa. Se la ve dispuesta a vivir su vida, corta pero dulce y hermosa.
Pasan miles de personas frente sus ojos ya aburridos y ella, ahí plantada no piensa en otra cosa que en viajar salir de ese trozo de tierra y conocer mundo. Un día una niñita de un par de años que paseaba con sus padres ingenua y despreocupada la mira, y con una sonrisa la arranca y se la regala a su madre que tras ponerla en su pelo sigue andando de la mano de su hija. Aquella amapola ya era feliz, tenia su deseado viaje que aunque sabia que seria corto le merecía la pena el echo de salir de allí un solo segundo.
Es esa amapola que acaricia al viento con sus aterciopelados pétalos como tus labios rojos que no puedo olvidar cuando me besaban.
Es esa amapola tan dulce y perecedera como nuestros besos furtivos entre arboles, a escondidas como si creyéramos que amarnos era un pecado, que nadie debía saberlo.
Son tus labios rojos como esas amapolas que crece entre lo horrendo.
Son tus labios tan fugaces al pasar por los míos como el viaje de la amapola.
Es tan triste tu voz cuando hablamos por teléfono a la lejanía como las tristes lagrimas de aquella niña que se sintió culpable al sentir que la había matado pero sin poder adivinar que cumplió el único y mayor deseo de la vida de aquella hermosa y aterciopelada flor. Viajar