Miradas inexistentes.


Ahí, sentado, como el que no quiere la cosa.
Sus ojos que están sin estar me miran.
Me recriminan algo que yo nunca hice.
Pero ahora comienzo a sentirme culpable.

No hablan, esta vez tan solo me miran.
Ya hablaron ayer lo suficiente.
Se que piensan que todo fue mi culpa. 
Pero esta vez me miran.  

Solo me miran.

Desdibujada


Te vas desdibujando, te conviertes en una silueta fina y delicada. 
No es algo que duela, es un simple proceso de habituación, sólo una tenue desaparición. 
No da miedo, no duele. Sólo te hace sentir extraño.
Con esas ganas eternas de vomitar una tormenta negra.

Las riendas de una vida.

     
     Hace mucho tiempo, una mujer decidió tomar las riendas de su vida. Y con este propósito salió de su hogar maleta en la mano y caminó, hasta encontrar una zona totalmente solitaria en la que sintió que debía encontrarse su nuevo hogar.

    Abrió su maleta y saco un par de mantas, que con unos cuantos palos se convirtieron en la tienda de campaña perfecta en la que pasó un par de semanas. Pero, despertó una mañana y se dio cuenta de que no podía seguir allí, que esa vida no era la correcta, y en ese mismo momento comenzó a construir un verdadero hogar. 

     Primero construyo los cimientos, unos cimientos de madera nueva que compró al carpintero de la zona, cuando eso estuvo echo decidió hacer paredes sobre esos cimientos, y una vez que las paredes estuvieron hechas pensó que estaría bien ponerle un tejado. Cuando estuvo acabada salio por la puerta para contemplar el trabajo de sus años de dedicación, y entonces se dio cuenta de que le faltaba algo. 

     Lijó las maderas, puso marcos a las ventanas, cortinas y amueblo el interior, dio una capa de barniz a la casa y la pintó de un rosa apagado, de nuevo, salio de casa para contemplar su obra, y se dio cuenta de que aún le faltaba algo. Esta vez pensó en el jardín y colocó un camino hasta la puerta, compro cescep y unas cuantas macetas, y en uno de los arboles junto a la casa colgó un columpio y tras otro duro año adornando el jardín contempló su obra y se dijo que ya estaba acabada, pero al entrar dentro de la casa se sintió fría y se dio cuenta de que todo ese trabajo había sido inútil porque, aunque había conseguido emprender su vida lejos de su antiguo hogar, había hecho aquello que toda persona digna de vivir en sociedad hacía.

     Miró su obra por última vez, agarro su maleta, sus ahorros y volvió a emprender su camino pero esta vez, sin tropezar en el mismo error.

¡Ya lo había matado yo!


Recordaba los momentos de niñez en los que correteaba por el parque de enfrente de casa junto a la voz lejana de su madre con un "ten cuidado o te harás daño". Ahora estaba tirado en el suelo de un cuarto oscuro y mugriento y ya hacia un año que la tímida voz de su madre no retumbaba en sus oídos.

-Thimy ven necesito que hagas algo- gritaba su nueva madre desde la cocina. Con miedo abrió la puerta de su cuarto y se dirigió hacia ella. Allí había un pavo correteando por todas partes, Thimy miro a aquella mujer y con una sonrisa en la cara le dijo:-que ilusión, al fin alguien que me haga compañía. Con aquel aspecto que apestaba a quiero y no puedo la madre soltó una carcajada que dejo entre ver que le faltaban unos cuantos dientes.
Se paro frente a él y con sarna le dijo:-¿si tu madre te abandono por qué iba yo a gastar mi dinero en buscarte compañía? no la mereces. Y ahora déjate de sentimentalismo y agárralo que quiero matarlo y no para de correr.
Thimy echo a correr tras el pavo con la esperanza de poder ganar tiempo y así encontrar una forma de salvarle la vida a aquel hermoso pavo, por un momento fue capaz de olvidar los gritos de aquella urraca que ahora decía llamarse madrastra y recordar la voz dulce de su madre cuando, jugando en el parque le decía que era hora de volver a casa.
Se topó de repente con las rodillas de un chico alto, era su hermanastro que, al verlo lo cojió de la pechera levantándolo en alto y le grito:-Mira por donde caminas enano. A este acto la madre grito:-Nicolas mata a ese pavo que corretea por la casa ya que el estúpido de
Thimy se limita a correr tras él.

Thimy se paro en seco, y miro al pavo con los ojos cristalinos, por la otra punta del pasillo aparecía Nicolas con un hacha en la mano. Thimy se armo de valor agarro al pavo y tras susurrarle un lo siento al oído le partió el cuello. El pavo callo al suelo y acto seguido Nicolas clavo el hacha en su cabeza. Thimy echo a correr hacia su cuarto y sollozando grito:-¡Ya lo había matado yo!

Marcas en su colchón.


Cada noche, entre lagrimas recordaba aquel momento y con una mezcla de miedo y rabia realizaba con su dedo indice una señal en su colchón, siempre el mismo lugar y siempre la misma marca.

Esta marca era suave y delicada como acostumbraba a ser ella antes de que aquel momento ennegreciera sus pasos.

Hoy, ella, acercó su dedo al colchón para, una vez mas, realizar esa marca con su dedo indice, y en un momento de lucidez transitoria se dio cuenta de que el rozamiento de su dedo sobre el colchón había hecho que este quedara marcado, tan marcado como su corazón tras aquellos ataques de lujuria.

¿Y ahora?


Y ahora qué hago yo si cuando vuelvo a casa mi pelo ya no huele a ti
Si cuando estoy aquí no tengo que pensar que haré mañana para poder verte
Si cuando camino por los parques ya no siento tu mano con la mía
Si cuando hablamos ya no siento tu calor
Si cuando te veo acostadito ya no puedo sentir ese latir en tu pecho

¿Y ahora qué hago si ya no me despierto a tu lado?

Por nosotros


Por los que no volvieron.
Por los que vuelven.
Por los que ya no podrán volver.

Por los que vieron allí un hogar.

Por los que nos dejaron un millón de lecciones.
Por los que se fueron y solo dejaron ausencias.

Por los que estuvieron, estamos y estarán.

Por lo que fuimos y lo que seremos.

Por la familia.
Por nuestro hogar.