Canta un gallo libre desde lo alto de aquel balcón,
lleno de heridas por la batalla contra aquel halcón.
Cantan las gallinas desde lo inmenso de su encierro,
con los corazones en los huesos, culpa del aberro.

Y acabar por fin.

Esta tortura del pensar desordenado.
Este horrible mundo de los sueños, eterno.
Este único momento especial.
Esta única tortura individual.

Esta forma fría de escribir sin pensar.
Este calor dentro del alma.
Estas ganas eternas de tirar a la basura todo el pasado,
tirar a la basura todo el futuro.

Tirar por un precipicio el presente inminente.



Quizá suene bonito esto que acabo de escribir o quizá seas capaz de ver el trasfondo de mis palabras y te aterre que sea capaz de pensar estas cosas, sea como sea para mi esto no es un pensar frío, para mi esto es aparentar que soy un alma libre del lastre de otras personas un alma pura que sabe que es alma y que siente que es cuerpo.
Quizá mi único problema sea que ni siquiera yo sé quien soy, quizá mi mayor problema es no tener una identidad clara, quizá mi problema sea esa dualidad que decidí crear en mí innecesariamente.

Un adiós constante.


Miras al suelo, esperando que no vea tus ojos tristes, aprietas los puños para conseguir que de tu anudada garganta salga un tímido "hasta pronto"que no sabes si volverá que, no sabes cuando se cumplirá.

Estas sentada, escuchando una vez más las charlas de aquella apagada vida, y como de repente sientes que algo se te rompe dentro, es la hora, es la hora en la que te tocaría a ti estar en el anden de esa estación diciéndole adiós. En cambio estas ahí escuchando que pensaba San Agustín del devenir de los seres, de la vida.
Quieres levantarte y correr, quieres llorar, quieres gritar, quieres tirarlo todo y pedir un poco de silencio para pensar con claridad.
Recuerdas sus ojos llenos de lágrimas y sus palabras, en 7 días estaré de vuelta. Te aferras a esos siete días y desojas una margarita inexistente esperando que vuelva.

Al fin y al cabo, si vuelve, todo se volverá a repetir porque... tendrá que volver a partir.

Miradas inexistentes.


Ahí, sentado, como el que no quiere la cosa.
Sus ojos que están sin estar me miran.
Me recriminan algo que yo nunca hice.
Pero ahora comienzo a sentirme culpable.

No hablan, esta vez tan solo me miran.
Ya hablaron ayer lo suficiente.
Se que piensan que todo fue mi culpa. 
Pero esta vez me miran.  

Solo me miran.

Desdibujada


Te vas desdibujando, te conviertes en una silueta fina y delicada. 
No es algo que duela, es un simple proceso de habituación, sólo una tenue desaparición. 
No da miedo, no duele. Sólo te hace sentir extraño.
Con esas ganas eternas de vomitar una tormenta negra.

Las riendas de una vida.

     
     Hace mucho tiempo, una mujer decidió tomar las riendas de su vida. Y con este propósito salió de su hogar maleta en la mano y caminó, hasta encontrar una zona totalmente solitaria en la que sintió que debía encontrarse su nuevo hogar.

    Abrió su maleta y saco un par de mantas, que con unos cuantos palos se convirtieron en la tienda de campaña perfecta en la que pasó un par de semanas. Pero, despertó una mañana y se dio cuenta de que no podía seguir allí, que esa vida no era la correcta, y en ese mismo momento comenzó a construir un verdadero hogar. 

     Primero construyo los cimientos, unos cimientos de madera nueva que compró al carpintero de la zona, cuando eso estuvo echo decidió hacer paredes sobre esos cimientos, y una vez que las paredes estuvieron hechas pensó que estaría bien ponerle un tejado. Cuando estuvo acabada salio por la puerta para contemplar el trabajo de sus años de dedicación, y entonces se dio cuenta de que le faltaba algo. 

     Lijó las maderas, puso marcos a las ventanas, cortinas y amueblo el interior, dio una capa de barniz a la casa y la pintó de un rosa apagado, de nuevo, salio de casa para contemplar su obra, y se dio cuenta de que aún le faltaba algo. Esta vez pensó en el jardín y colocó un camino hasta la puerta, compro cescep y unas cuantas macetas, y en uno de los arboles junto a la casa colgó un columpio y tras otro duro año adornando el jardín contempló su obra y se dijo que ya estaba acabada, pero al entrar dentro de la casa se sintió fría y se dio cuenta de que todo ese trabajo había sido inútil porque, aunque había conseguido emprender su vida lejos de su antiguo hogar, había hecho aquello que toda persona digna de vivir en sociedad hacía.

     Miró su obra por última vez, agarro su maleta, sus ahorros y volvió a emprender su camino pero esta vez, sin tropezar en el mismo error.

¡Ya lo había matado yo!


Recordaba los momentos de niñez en los que correteaba por el parque de enfrente de casa junto a la voz lejana de su madre con un "ten cuidado o te harás daño". Ahora estaba tirado en el suelo de un cuarto oscuro y mugriento y ya hacia un año que la tímida voz de su madre no retumbaba en sus oídos.

-Thimy ven necesito que hagas algo- gritaba su nueva madre desde la cocina. Con miedo abrió la puerta de su cuarto y se dirigió hacia ella. Allí había un pavo correteando por todas partes, Thimy miro a aquella mujer y con una sonrisa en la cara le dijo:-que ilusión, al fin alguien que me haga compañía. Con aquel aspecto que apestaba a quiero y no puedo la madre soltó una carcajada que dejo entre ver que le faltaban unos cuantos dientes.
Se paro frente a él y con sarna le dijo:-¿si tu madre te abandono por qué iba yo a gastar mi dinero en buscarte compañía? no la mereces. Y ahora déjate de sentimentalismo y agárralo que quiero matarlo y no para de correr.
Thimy echo a correr tras el pavo con la esperanza de poder ganar tiempo y así encontrar una forma de salvarle la vida a aquel hermoso pavo, por un momento fue capaz de olvidar los gritos de aquella urraca que ahora decía llamarse madrastra y recordar la voz dulce de su madre cuando, jugando en el parque le decía que era hora de volver a casa.
Se topó de repente con las rodillas de un chico alto, era su hermanastro que, al verlo lo cojió de la pechera levantándolo en alto y le grito:-Mira por donde caminas enano. A este acto la madre grito:-Nicolas mata a ese pavo que corretea por la casa ya que el estúpido de
Thimy se limita a correr tras él.

Thimy se paro en seco, y miro al pavo con los ojos cristalinos, por la otra punta del pasillo aparecía Nicolas con un hacha en la mano. Thimy se armo de valor agarro al pavo y tras susurrarle un lo siento al oído le partió el cuello. El pavo callo al suelo y acto seguido Nicolas clavo el hacha en su cabeza. Thimy echo a correr hacia su cuarto y sollozando grito:-¡Ya lo había matado yo!