Tu propio mundo.


Verlo todo 
escuchar en susurros lo que podrían ser gritos
No ver nada 
sentir golpes certeros como caricias de amor

Oler tu mundo 
verlo todo con esa tenue luz que cada mañana te ofrece tu ventana
No escuchar 
sentir cada discusión como un baile apasionado

No sentir nada y sentirlo todo

Se derrumbó.


Mi te quiero en el cielo se difuminó, se volvió oscuro 
y cayó, como la más tímida lagrima cae al suelo.

Un te quiero se rompió en mi voz 
y te quebró el alma.

Un te quiero que bufó las puertas 
y empapó tus ideas.

Del montón

Aparecía con mil nubes entre las manos.
Como un eclipse de luna.
Aparecía con un tenue farol.
Desaparecía entre cristales rotos
Aparecía como nadie.
Me quería como todos.

Aullidos cochambrosos.


Una ráfaga de viento me trae tu voz 
entre acordes de recuerdos y malos tiempo.
Una ráfaga de viento me azota
y me escupe a la cara todo lo que no dije.
Una ráfaga de viento me acaricia 
y me convence de que tu estarás bien.
Una ráfaga de viento pregunta.

"¿Por qué la dejaste ir?"

Vomitivo.


Salía de la cama con los pies tan fríos como un brasero en verano y, entre las lamas de su persiana asomaba un rayo de sol de invierno.

Una cálida sombra de melodías hacía temblar la almohada, melodías de unos artistas ya demacrados por la vida.

Se arrastra hasta la cocina entre legañas de días pasados.

Agarra un trozo de pizza frío de hace un par de días le da un mordisco y el vómito llena su boca.

Sale corriendo hasta el baño mientras se pregunta que habría hecho la noche anterior.

Disipó las dudas.



Se consumió como la ceniza lo que se encendió con una chispa
Se disipó como el humo, sonámbulo y sin rumbo.
Las piedras calleron sobre su tejado, eso, es seguro.
Tubo miedo pero lucho con fuerza.
Ardieron en llamas como antes acariciaban.
Cambiaron sus ojos en la niebla.

Y no vuelvas.


Miro
Pienso
Lloro
Grito

Paro el tiempo
Centrada en el pasado
De aguas perdidas
De sonidos lejanos
Se fue para no volver